Guardia de Honor
Una hora del día, sin cambiar de ocupación, ofrecida para amar, glorificar y reparar al Corazón de Jesús.
Ofrenda de la
Hora de Guardia
Corazón de Jesús, Salvador y Rey mío, te ofrezco esta hora de guardia, durante la cual, en unión de (aquí se nombra el abogado de la hora que se haya escogido), deseo especialmente amarte, glorificarte y reparar las ofensas que recibes de todos los hombres. Acepta, a esta intención, mis pensamientos, palabras y obras, alegrías y sufrimientos de esta hora, y recibe mi corazón que generosamente te entrego, suplicándote lo consumas con el fuego de tu purísimo amor.
Ofrenda al
Padre Eterno
Padre eterno, en esta Hora de Guardia, con la Virgen María y los discípulos fieles junto a la cruz de Jesús, te ofrezco la Sangre y el Agua que brotan de la herida del Corazón de tu Hijo Unigénito, para reparar mis pecados y los de todos los hombres, en sufragio de las almas del Purgatorio, y por las necesidades de la Santa Madre Iglesia. Padre nuestro, ten misericordia de nosotros.
La Guardia de Honor del Sagrado Corazón de Jesús es una asociación pública de fieles, erigida por la Sede Apostólica, cuyo fin es amar, glorificar y reparar al Corazón de Jesús, respondiendo a su lamento: «Busqué quien me consolara, y no lo hallé».
Cómo nació
Nació el 13 de marzo de 1863 en el Monasterio de la Visitación de Santa María de Bourg-en-Bresse (Francia), por obra de Sor María del Sagrado Corazón Bernaud, quien reunió a un grupo de personas que, por turnos de hora, se dedicaran al amor y la reparación al Corazón de Jesús. El Papa Pío IX quiso inscribirse en ella en 1872 y León XIII la erigió en archicofradía, extendiéndose después por todo el mundo.
El reloj de la Guardia de Honor
Su símbolo es un reloj: el Corazón traspasado de Jesús rodeado de doce estrellas que marcan las horas del día. En cada hora se inscribe el nombre del asociado que la eligió, de modo que a toda hora haya alguien haciendo guardia junto a su Corazón, formando una cadena de oración que nunca se interrumpe.
Consiste en ofrecer una hora del día al Corazón de Jesús, sin cambiar de ocupación. No hace falta estar en el templo: puede vivirse en la casa, en el trabajo, en la escuela o donde uno se encuentre. Nada obliga bajo pena de pecado; todo se hace por amor.
La Iglesia: el Papa, los cardenales, obispos, sacerdotes, órdenes religiosas, seminarios y noviciados. Las causas difíciles y desesperadas.
Las naciones y sus gobernantes, las administraciones civiles, la paz y la concordia.
Las grandes instituciones políticas, sociales, económicas, medios de comunicación social, la magistratura, el ejército, la orientación cristiana de las leyes y las costumbres públicas, la santificación de los días festivos.
La familia: padres e hijos. El matrimonio y su estabilidad. El respeto a la vida de los niños antes de nacer. Los asuntos encomendados a nuestra oración.
La enseñanza: educación de los niños y jóvenes. Los maestros educadores y los centros de enseñanza. Los jóvenes en situación de elegir estado de vida.
El trabajo: los empresarios y los obreros de toda clase. Sentido cristiano de la legislación laboral. Los que van de viaje.
Los que sufren: los pobres, los enfermos, los prisioneros, los que no tienen trabajo ni hogar; los prófugos y los refugiados. Los que están expuestos a pruebas y tentaciones.
La propagación de la fe: los misioneros, las obras misionales, todas las obras de evangelización y apostolado. La conversión de los paganos y de los incrédulos.
La conversión de los pecadores y alejados de la Iglesia. Reparación por las blasfemias y los sacrilegios.
Los agonizantes: la perseverancia final de los moribundos. Facilidad para que los enfermos reciban los santos sacramentos.
Las almas del Purgatorio, los asociados y familiares difuntos.
El Reinado del Corazón de Jesús: las obras eucarísticas. Todas las obras y asociaciones que promueven la devoción al Corazón de Jesús. Difusión de la Hora de Presencia y aumento de la Guardia de Honor. Acción de gracias por los beneficios recibidos.
El celo que devora al Corazón de Jesús debe pasar al corazón de sus amigos. El más humilde «Guardia de Honor» puede y debe ser apóstol y salvador con Jesucristo.